Manuel Melo preserva un oficio que hoy se encuentra casi extinto en Chile y que tiene que ver con la tradición popular de ese país. Es el de la construcción de Organillos, máquinas de sonido típicas hasta finales del siglo XX, y que hoy se ven cada vez menos en las calles. Lo acompaña en esta travesía el joven músico popular Diego Salazar, que traduce sus conocimientos musicales para aplicarlos a esta máquina de sonidos. Juntos se embarcan en la difícil tarea, no solo de poner en práctica un oficio que nadie enseña, que por ende debe ser aprendido de forma autodidacta y mediante mucha investigación, sino también la de preservar las tradiciones populares chilenas.

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